Glosario Cata Cannábica

Ya vimos en anteriores capítulos que la expresión de la cata puede ser numérica y/o escrita,  y ésta a su vez tiende a basarse en similitudes, valoraciones y localizaciones.

Estas tres tendencias deberían desarrollarse con armonía, intentando que la imaginación y la memoria no interfieran, por ejemplo, en la identificación de una determinada nacionalidad malversando así el concepto de localización.

En el cannabis, como en otros productos, para la degustación, análisis sensorial y cata se utiliza una terminología derivada de la experiencia de:

  • “Analogía analítica normal” (rojo-rubí),
  • “Analogía analítica accidental” (aroma de geranio),
  • “Síntesis localista” (Mazar, Durban, Santa Marta de Oro) como un compendio de analogías tradicionales.
  • “Síntesis comercial” (Marihuana comercial, delicatessen, etc.).

De todo lo anterior se puede deducir que la cata puede ser practicada y desarrollada en amplitud sin conocimientos en cannalogía, pero para su expresión se utiliza un vocabulario de conceptos derivados de un proceso cannalógico habitual, por ejemplo, “sabor a matojo”, “secado rápido”, “aroma a verde”, etc.

Aunque nuestro propósito es desarrollar una terminología castellana para las diferentes variedades estabilizadas que van apareciendo por el territorio nacional, no podemos prescindir por completo de conceptos de denominación extranjera cuando su significado es tan fuerte y vigoroso que presenta un valor general que debemos admitir.

Por ejemplo, el término “Skunk” compacto y conciso nos expresa de un modo más preciso el aroma a “mofeta” que, por ejemplo, “ácido sulfónico” o “mercaptanos”.

Con cada término aparecen las letras “C”, “T”, “A” y/o “S” al objeto de  identificar si está referido al Color, Tacto, Aroma y/o Sabor. Por ejemplo, “redondo” es un calificativo amplio mientras que “rubí” afecta sólo a color.

Como todo lo que escribimos, este glosario está abierto a añadidos, mejoras y correcciones, ya que la percepción que se tiene puede variar de una a otra persona.

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¡Hasta la próxima!

La maria club


Cata Cannábica Vol.VI

Durante los capítulos anteriores hemos podido apreciar como el lenguaje es de suma importancia en la expresión de la cata como medio de transmisión de información en lo que respecta a las sensaciones percibidas.

Sin dejar esta relevante cuestión, en este post seremos algo más específicos adentrándonos en la descripción de sabores y aromas de manera que dicha expresión sea lo más concreta o “técnica” posible. Para ello, además de aprender a identificar un determinado sabor o aroma, deberemos saber describirlo al objeto de que otras personas puedan prever lo que sentirán al catar una determinada variedad.

Los responsables de los olores y los sabores en el cannabis, tanto en fresco, en seco como en combustión, son varios y se denominan: ácidos, alcoholes, aminas biógenas, carbonílos, carotenos, ésteres, y terpenos.

La presencia y/o combinación de ellos producen los aromas y sabores finales, aunque existen algunas sustancias volátiles que por sí mismas producen un sabor o aroma único y claramente identificable.

A continuación vemos algunas de estas sustancias:

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No todas estas sustancias están presentes en todas las variedades. En caso afirmativo, se encontrarán en diferentes concentraciones. Por ejemplo, las variedades afghanas y pakistaníes poseen altas concentraciones de terpenos en el interior de sus tricomas, mientras que las líneas ecuatoriales que crecen cercanas al paralelo cero (0) casi carecen de ellos.

10020593-marihuana-seca-y-hojas-verdesEl cannabicultor debería tener extremo cuidado tanto en la cosecha y posterior manicurado como en el secado, curado y conservación, pues todo el proceso tiene influencia sobre todo en la liberación de los agentes volátiles presentes en la planta. Por ejemplo, en el proceso que va desde la cosecha hasta el secado, existen acciones aparentemente leves pero que inciden intensamente en los aromas. Una mala manipulación puede hacer que actúen entonces hidrolasas, oxigenasas, oxireductasas y lipogenasas que transforman color y aromas. A partir de estas acciones también se desarrollan subproductos de celulosa y clorofila que alterarán los sabores y aromas esperados.

En el proceso de secado y curado pueden quedar fijados restos de nitrogenasa y potasa además de otros pigmentos que acompañan a la clorofila, produciendo alcoholes en combinación con el oxígeno. Tal es el caso de la lipoxigenasa, el cis-3-hexanal y trans-2-hexanal que son responsables del sabor herbáceo. Se atenúan si el secado se realiza en frío y se acentúa si se tritura o se prensa antes de que los precursores como los polioles, glicosilados y glicósidos hidrolizables que son inodoros se hayan destruido. La acción de la presión también influye en la extracción de terpenos al romper los tricomas, así como el tiempo de curado.

Con este capítulo llegamos al final de nuestro curso de cata cannábica. Esperamos que las publicaciones hayan sido interesantes y, sobre todo, os hayan sido de utilizad.

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Cata Cannábica Vol. V

En el anterior capítulo pudimos conocer más acerca del papel que juegan los sentidos del gusto y el olfato en una Cata Cannábica. En este post, acabaréis de conocer la misión del resto: la vista, el tacto y el oído.

Tras nuestra primera experiencia organoléptica completa, nos adentramos en un mundo de complejos matices aromáticos y variadas sensaciones. Uno de los objetivos de la cata es dejar constancia de la experiencia sensorial de forma y manera que tanto nosotros mismos como otras personas sean capaces de “reconstruir” interiormente los estímulos que aquella cata produjo a diferentes niveles en nuestros sentidos, de forma que cuando volvemos a catar la misma variedad, poco a poco se van fijando en nuestra memoria. Para dejar esa constancia, se hace necesaria una herramienta imprescindible: El lenguaje.

principioEl lenguaje es una de las bases de la comunicación interpersonal. Aún cuando las nuevas tecnologías nos invaden, internet, la televisión digital con cientos de canales de todas las temáticas, los ordenadores cada vez más avanzados y nuevos sistemas de intercambio de información, como los e-books o la transmisión directa de impulsos cerebrales, de reciente descubrimiento e invención, nos encontramos con que el lenguaje, ya sea hablado como medio de transmisión directa de información o escrito (por cualquier medio) cuando se desea que la información perdure en el tiempo y sea accesible por mas gente, continúa siendo imprescindible como medio de transmisión de ideas y sensaciones, por encima de gestos o imágenes.

El Lenguaje

A pesar del popular dicho que reza: “Más vale una imagen que mil palabras”, creemos que el lenguaje escrito es más eficiente en su conjunto para la descripción de ideas y sensaciones. Imaginemos por un momento intentar describir un aroma “dulce y afrutado” mediante fotografías. Si ese tipo de aroma concreto se encontrara estandarizado, podríamos asociarlo a una imagen o a un grupo de ellas, pero no siendo ese el caso y dándose el hecho de que la percepción de un aroma determinado puede variar de persona en persona e incluso un mismo catador puede tener ligeras variaciones de percepción en una cata ciega de la misma muestra repetida varias veces.

Por lo tanto, para describir “dulce y afrutado” con imágenes tendríamos quizá que mostrar el arquetipo de lo dulce, el azúcar (aunque la miel también lo es), junto a ¿una cesta de frutas? Realmente ambiguo y poco concreto, ya que la descripción escrita puede llegar a altos niveles de detalle del tipo: “Dulce a la entrada del humo con toques ácidos al fondo del paladar. Afrutada en la exhalación mostrando matices de vainilla y menta, en la punta de la lengua y su parte posterior, respectivamente”. Como podemos apreciar, en dos líneas se describe un aroma en combustión lo suficiente como para que el que lee la descripción tenga una idea bastante clara de lo que debe esperar al probar esa variedad.

Cuando se trata de un tema o cuestión especializada sobre un área de interés concreta y limitada, se crea un subconjunto del lenguaje en el que se utilizan palabras y términos que no son usados habitualmente en el lenguaje coloquial. Estos grupos de palabras o “argot”, de uso casi exclusivo para la transmisión de información acerca de cuestiones muy concretas se dan por la necesidad de una alta concreción en cuanto a la relación significante – significado, por lo que suelen ser muy definitorias en lo que quieren decir o a lo que se refieren, evitando ambigüedades o posibles dobles sentidos.

Así pues, en la cata de cannabis narcótico también utilizaremos un cierto “argot” especializado para la expresión de las sensaciones organolépticas que permita una clara interpretación de la información que se pretende transmitir, sin pérdida o corrupción de ella a lo largo de su transmisión de persona en persona. Para ello, precisamos de unas normas para su expresión.

La Expresión

olerAparte de los sentidos principales, también existen otras sensaciones quizá “secundarias”, pero que se encuentran de alguna forma relacionadas con los sentidos principales, produciendo reacciones físicas como pueden ser la sequedad de boca o por el contrario la salivación, o la tos al inhalar o exhalar (gusto), o bien picor en la nariz (olfato).

El objeto de la expresión en la cata es la descripción de estas sensaciones, tanto primarias como secundarias, al margen de la valoración que podamos dar a cada una de ellas de forma independiente, es decir, aparte de valorar el sabor en una escala numérica, debemos hacer que mediante el lenguaje escrito se pueda interpretar aquello que sentimos de la forma más inequívoca posible, sin entrar en lirismos o expresiones pseudo-poéticas que no hacen otra cosa que subjetivizar el sentido de lo escrito. Por lo tanto, debemos tecnificar el lenguaje utilizado, unificando criterios en los casos en los que un significante pueda tener más de un significado.

En base a todo lo anterior, vamos a describir algunos términos relacionados con cada una de las fases de la cata y sus sensaciones correspondientes a modo de pequeño glosario o diccionario técnico para la cata de cannabis narcótico:

Vista

Imagen1Color: Cada una de las siete radiaciones en que se descompone la luz blanca del Sol al atravesar un prisma óptico, es decir, rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta.

Tono: Grado de coloración dentro de un color determinado, por ejemplo, verde claro o añil intenso. No pueden expresarse tonos de un color para otro, por ejemplo, sería incorrecto definir “amarillo anaranjado” o “rojo amarillento”.

Matiz: Unión de diversos colores mezclados con proporción. Este es el término a utilizar para expresar un color secundario o no dominante presente en la muestra, por ejemplo, “violeta claro con matiz naranja”.

Brillo: Luz que reflejan los tricomas o glándulas con resina. Existen distintos tipos de brillo, pero atendiendo al índice de refracción, se pueden tipificar como metálico, submetálico, vítreo y diamantino También podemos asociar otras sensaciones a la definición a partir de la analogía con alguna otra sustancia perfectamente conocida, como por ejemplo, brillo “céreo”, “craso”, “sedoso” o “resinoso”.

Aspecto: Apariencia de las personas y los objetos a la vista. Siempre va acompañado de un adjetivo que lo define, como por ejemplo, “limpio” o “viejo”, evitando los calificativos generalistas, como “bueno” o “malo”.

Forma: Configuración externa de algo. Debemos huir de la figura interna que puede captar la mente interpretando la imagen que se está observando y que no se identifica con la forma exterior de la muestra Según Aristóteles, “toda entidad se compone de materia y forma; la forma es aquello que determina y precisa la materia de la que está formada un objeto determinado, y siempre debe entenderse en relación con la materia”. De esta manera, al producirse un cambio, es posible que éste afecte a la materia (cambio material) o sólo a la forma (cambio formal), que es menos radical, por lo tanto, deberemos definir la forma de la muestra de forma independiente a la materia que la conforma. Por ejemplo, la muestra tendrá “forma esférica” independientemente de si está bien curada o se presenta recién cortada.

Tacto

tactoTextura: Percepción de formas mediante el tacto. Podemos utilizar términos directos como “textura rugosa y pegajosa” o “textura seca y quebradiza”. También podemos, como en la definición del brillo, utilizar símiles con otras sustancias, siempre que estas sean identificables por la mayoría, como “textura rocosa” o “textura carnosa”.

Densidad: compacto, apretado, espeso o que contiene mucha masa con respecto a su volumen. Utilizaremos el término en el aspecto cuantitativo para expresar la impresión que nos proporcione la muestra a lo largo de la cata

Adherencia: De adherir; Pegar algo a otra cosa. Facilidad que tiene la muestra para quedarse pegada a nuestros dedos tras una ligera presión, indicador de la cantidad de glándulas de resina presentes en ella, y que al romperse la liberan volviéndola pegajosa.

Peso: Fuerza con que la Tierra atrae a un cuerpo. En íntima relación con la densidad, servirá para expresar la sensación de pesadez o ligereza que nos proporciona la muestra al sostenerla sobre la palma abierta de la mano, también de manera cuantitativa.

Oído 

Sonoridad: Cualidad de la sensación auditiva que permite apreciar la mayor o menor intensidad de los sonidos. Con ella expresaremos el volumen sonoro que se produce al presionar la muestra entre los dedos cerca de nuestro oído.

Tono: En este caso, utilizamos el término para definir la frecuencia que identifica nuestro sistema auditivo al romperse la muestra, de más agudo a más grave. El rango máximo de audición en los seres humanos incluye frecuencias de sonido desde 16 hasta 28.000 ciclos por segundo. El menor cambio de tono que puede ser captado por el oído varía en función del tono y del volumen.

Timbre: Calidad de los sonidos que diferencia a los del mismo tono y depende de la forma y naturaleza de los elementos que entran en vibración. Con este término intentaremos transmitir la sensación que nos proporciona la muestra en cuanto a su parecido con las sensaciones correspondientes a otros sentidos, como “crujiente”, “sedoso” o “seco”.

En el próximo capítulo continuaremos con la práctica de la cata a nivel semiprofesional, tras un ejemplo práctico de cata básica, mientras seguimos con el glosario técnico añadiendo terminología a nuestro argot especializado.

Fuentes: www.dutch-passion.nl; www.misternicepelicula.com; www.mundorasta.com.ar; www.cannabiscafe.net

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Cata Cannabica vol. IV

Desde AIRAM en el capítulo anterior os informamos acerca de las condiciones óptimas para la realización de la cata cannábica: la temperatura y humedad idóneas, así como aspectos claves para la valoración, donde los sentidos juegan un papel muy importante.

En este post, continuamos con los sentidos. En este caso, el gusto y el olfato.

Degustación

Ya hemos dado el primer paso realizando la prueba de “primera impresión”, común a todos los niveles de cata. Casi sin darnos cuenta, hemos practicado una cata básica utilizando algunos de los sentidos necesarios como son el tacto, la vista, el oído y el olfato. Aún nos falta el gusto y el olfato en combustión, una tarea realmente agradable pero no exenta de cierta metodología para su correcta categorización, como el resto de los sentidos.

Efectivamente, tras el análisis de la muestra en la “primera impresión”, llega el momento de degustar la muestra. Aún no realizaremos un examen profundo, sino más al contrario, siguiendo la filosofía de la “primera impresión”. Si recordamos, en esta etapa daremos prioridad a las sensaciones o impresiones “instintivas” o que se perciben sin esfuerzo. Pero antes de poder degustar la muestra, ésta deberá ser preparada de alguna forma para su consumo.

¿Papel o Cachimba?

cachimba-cristalLlegamos a un punto que en principio fue algo polémico en el desarrollo de esta obra, debido a las diferentes opiniones de amigos y colaboradores, que nos ayudaron a obtener una conclusión clara: Si estamos catando cannabis, no debería haber nada en el proceso de degustación que no sea cannabis. En la cata de otros productos vegetales o animales se hace especial hincapié en el hecho de que el sabor y aroma de la muestra no deben en ningún caso verse alterados por el utensilio que usemos para degustar la muestra. En la cata de vinos, por ejemplo, es de gran importancia la copa que contendrá la muestra, hasta el punto en que sus medidas así como la composición del cristal de que está hecha se encuentran estandarizadas.

Parece claro pues que la opción correcta para realizar la cata gustativa y olfativa de cannabis narcótico en combustión es la pipa o cachimba. En cuanto al material, el ideal es el cristal transparente de calidad, con la menor cantidad de boro y/o plomo posible. Deberemos descartar las pipas de madera, plástico, metacrilato,  de silicato de boro o de distintas aleaciones metálicas susceptibles de alterar sutilmente el sabor en la combustión. Por supuesto, dejaremos de lado bongs o pipas de agua, así como cualquier sistema que no sea la inhalación directa, y la pipa escogida deberá poderse usar sin rejilla metálica.

La cazoleta debe ser ancha y baja para que el material picado no tenga demasiado “grosor” y si la mayor superficie posible. Aunque lo ideal serían unos tres centímetros (3 cm) de diámetro por dos milímetros (2 mm) de espesor de volumen útil, podemos trabajar a partir de los dos centímetros de diámetro (2 cm.). Diámetros inferiores hacen que el “grosor” de la carga con la muestra aumente provocando una combustión incompleta y poco homogénea.

A pesar de que podemos cargar menos la pipa, esto tiene dos inconvenientes: Primero, el número de caladas o inhalaciones desciende radicalmente obligando a limpiar y recargar la pipa; segundo, el peso de la muestra será por necesidad menor, lo que dificulta la cata psicoactiva, como veremos en próximos capítulos.

Existe una cuestión importante, que es la longitud del recorrido del humo desde la cazoleta hasta la boca. Si el recorrido es demasiado corto, el humo llegará demasiado caliente a las zonas de recepción gustativa ocultando unos sabores y resaltando otros inexistentes por si mismos pero producidos como combinación de otros debido a las altas temperaturas de combustión. alrededor de los doscientos grados centígrados (200ºC), mientras que la temperatura ideal a la que debería llegar el humo a la boca se sitúa entre los veinticinco y los veintinueve grados centígrados (25ºC-29ºC), temperatura ésta que mantiene, en combinación con la temperatura natural media de las cavidades bucales y nasales (Ver Figura 1), y la temperatura ambiente que establecimos en el capítulo anterior entre los veintidós y los veinticuatro grados centígrados (22ºC-24ºC) produce una media en la que se conservan y aprecian mejor cada uno de los componentes aromáticos por separado.

El efecto contrario, es decir, cuando el humo llega por debajo de los veinticinco grados centígrados (25ºC), también es negativo para una correcta cata por motivos parecidos a los ya expuestos, aunque en este caso tienden a homogeneizarse en los sabores básicos (ácido, dulce, amargo, etc.) debido a la alteración radical del pH de la cavidad bucal (ver Figura 2), en perjuicio de otros sabores secundarios más especializados.

Por todo ello, se hace necesario que la pipa que utilicemos para catar mantenga una cierta distancia entre la cazoleta y la pipa, distancia que estableceremos entre los veinticinco y los cuarenta centímetros. Es indiferente si el “brazo” de la pipa, que es el tubo por donde pasa el humo desde la incineración en la cazoleta hasta nuestra boca, sea recto o curvo o de otras formas. De hecho, existen algunas de estas pipas cuyo tubo tiene forma espiral o de “gusanillo”, lo que las hace perfectas candidatas para la cata de cannabis al resultar más cortas y manejables que las de largo brazo recto. También es conveniente reseñar la amplitud del orificio de aspiración, que es por donde entra el humo en la boca. Este nunca debería ser inferior a los 4 milímetros ni superior a los 7. En el primer caso, la estrechez del orificio hará que tengamos que aspirar con más fuerza aumentando la velocidad del caudal de humo haciendo que éste pase demasiado rápido por las zonas sensitivas. Sin embargo, si la embocadura es demasiado ancha, el humo invadirá todos los receptores saturándolos al tiempo que su temperatura sube de forma repentina entumeciendo así muchas de las papilas gustativas y enmascarando sabores.

Por supuesto, ningún papel de fumar es adecuado para realizar una cata con los mínimos visos de calidad, pues por muy fino que pudiera llegar a ser, su combustión y la de la goma que suelen incorporar para su pegado (goma arábiga) malograrán con seguridad ciertos matices del gusto y aroma de la muestra. De la misma forma, damos por supuesto que el Lector entiende que aquella se degustará sin mezclas de tabaco ni ninguna otra materia vegetal por los mismos motivos. Por último, el papel de liar y el tabaco se pueden seguir utilizando como siempre al gusto del consumidor fuera del ejercicio de la cata organoléptica o para la cata psicoactiva.

Debemos tener a mano el alcohol y las toallitas con el fin de limpiar la pipa de impurezas y alquitranes entre carga y carga. A partir de este momento, con la pipa lista y a nuestra disposición, pasaremos a picar la muestra.

Homogeneización

Aún tendremos que dar un último paso antes de preparar la pipa de cata, deberemos homogeneizar/picar la muestra. Recordemos que podemos realizar esta tarea de tres formas: con picador, tijeras o a mano. Para esta primera degustación de “primera impresión” recomendamos utilizar un picador o “grinder”. Este debería ser metálico, a ser posible de acero inoxidable o titanio, con la suficiente calidad para no dejar esquirlas o pequeñas lascas de pintura. Cogemos la parte de la muestra utilizada que se encuentra sobre la cartulina blanca y la introducimos en el picador, fraccionándola en por la base de los racimos florales por el tallo.

weedgrinder

Giramos el picador y lo abrimos con cuidado. En este proceso se habrán recibido una serie de sensaciones inconscientes, como la resistencia de la muestra a ser triturada o el olor al abrir el picador. Estas sensaciones son susceptibles de ser fijadas como notas de cata para su uso posterior, aunque en este momento servirán para obtener una impresión global de “primera impresión” a nivel gustativo y aromático en combustión.

Una vez tenemos el picador abierto, comprobaremos que la picadura es homogénea. En caso contrario, volveremos a cerrar el picador y a girarlo hasta que la muestra se encuentre perfectamente homogeneizada. En este momento golpearemos ligeramente pero con firmeza la tapa superior contra la inferior dos o tres veces en golpes rápidos y secos al objeto de desprender del picador el máximo de la muestra homogeneizada.

A continuación, volcamos la tapa con la picadura sobre la cartulina blanca, “tamborileando” con los dedos sobre ella con objeto de desprender igualmente cualquier resto que hubiera podido quedar adherido a ella. Una vez tenemos la picadura en la cartulina, retiramos cualquier pequeño palito o semilla que hubiera podido quedar y procedemos a cargar la pipa.

Degustación en Primera Impresión

Para cargar la pipa, cogemos un pellizco de la picadura y lo introducimos en la cazoleta, presionando ligeramente y repetimos esta operación hasta obtener un grosor de dos o tres milímetros (2-3 mm), suficiente para tres o cuatro caladas o aspiraciones.

A continuación, apoyaremos la boquilla o embocadura a los labios mientras acercamos la llama de un mechero a la cazoleta. Realizaremos 2 ó 3 aspiraciones muy cortas mientras realizamos un movimiento circular con la llama para incinerar toda la superficie de la carga. Mantendremos el humo en la boca sin tragarlo durante tres a cinco segundos para seguidamente exhalarlo lentamente.

Ahora haremos una aspiración profunda y larga, tragando inmediatamente el humo y exhalándolo por nariz y boca con fuerza. Tras unos segundos (15 – 20) después de haber echado fuera el humo, daremos una última calada de duración e intensidad media, intentando aspirar algo de humo por la cavidad nasal y tragando el humo pero pasándolo por toda la boca antes de expelerlo.

Con esta metodología conseguimos por un lado la máxima estimulación del bulbo olfativo de mayor sensibilidad en la zona superior de las fosas nasales donde intervienen los cornetes y meatos como tabiques decantadores que, por pérdida de fuerza y de diferencia térmica, facilitan el contacto de los aromas con la región de sensibilidad olfativa. En cuanto al gusto, podremos apreciar que no hay una localización inmediata definida sino una sensibilidad remanente. Y estas sensaciones remanentes no se localizan sólo en la lengua. Sin embargo, aunque existe sensibilidad velo-palatina anterior, la respuesta sensible fisiológica es clara en la lengua mediante los conductos glosofaríngeo y lingual.

En este momento realizaremos una descripción de los sabores y olores básicos percibidos sin entrar en excesivo detalle y sin dejar pasar tiempo excesivo, pues una vez más recordamos que lo aquí tratamos es de describir esa “primera impresión”.

En el próximo capítulo nos introduciremos en el mundo de los sabores y los aromas de una manera bastante más profunda, al tiempo que estableceremos la metodología correspondiente a la cata semiprofesional como antesala a la profesional, en un momento en el que los clubs de consumidores lúdicos comienzan a proliferar, demandando un sistema normalizador para el ejercicio de la degustación y categorización del cannabis narcótico.

A continuación os dejamos un ejemplo de una Cata Cannabica con una charla explicativa sobre cata sensorial gracias a la presencia de brotesverdes.tv:

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Curso de Cata Cannábica Vol. III

Introducción a la Cata

Hemos podido comprobar que la cata organoléptica o sensorial de cannabis narcótico es posiblemente una de las más complejas, pues mientras que para otros productos vegetales se utilizan dos o tres sentidos, en este caso se aplican todos ellos y en diferentes aspectos. A causa de esto, se hace necesario el desarrollo de una metodología que tipifique y establezca unas normas o criterios para la realización de cada paso en el proceso de la cata, de forma que cada catador pueda expresar de una manera homogénea y normalizada sus conclusiones.

En el capítulo anterior dejamos establecido un orden para realizar cada una de las acciones del proceso de cata, atendiendo además al nivel de ésta. Antes de comenzar con la metodología para cada uno de los pasos es conveniente realizar una somera descripción de las especificaciones que debería cumplir el recinto o local donde se vayan a realizar las pruebas.

El Entorno para la Cata

A diferencia de otros productos como el vino, que requiere un entorno de cata altamente controlado, las características del entorno para la cata organoléptica de cannabis narcótico no son excesivamente restrictivas. Un espacio amplio y tranquilo, bien iluminado y ventilado será suficiente. Es importante evitar locales pequeños o de techos bajos que tienden a condensar el humo, así como lugares cerrados sin ninguna ventilación o bien con corrientes de aire de intensidad excesiva.  Estas recomendaciones son válidas para todos los niveles de cata.

Panel digital de temperatura y humedad relativaA partir del nivel semiprofesional, la cuestión de la temperatura y la humedad relativa del lugar en el que se vaya a realizar la cata adquieren cierta importancia, en relación con el rápido deterioro de la muestra debido a las condiciones ambientales. Por ejemplo, una temperatura alta en combinación con una humedad relativa alta provocará un efecto de “rehidratado” en la muestra en un lapso de minutos desde que se extrae del contenedor o recipiente en el que se conserva. De la misma manera una humedad baja o muy baja influirá en muy poco tiempo en la textura externa de la muestra, desvirtuando así su estado original. También los olores y los sabores en la combustión se ven alterados por estos factores, por lo que estableceremos como condiciones ideales de cata una temperatura de 22º – 24º y una humedad relativa del aire en torno al 50%. Trabajando en estos rangos se mantienen estables tanto la textura de la muestra como los agentes aromáticos el tiempo suficiente como para realizar una sesión completa de cata profesional, esto es, alrededor de unas dos horas.

Como decíamos, la iluminación ha de ser clara y potente sin llegar a deslumbrar. Tengamos en cuenta que en la fase visual de la cata tendremos en cuenta parámetros como el color, brillo, densidad, distribución y tipo de tricomas, limpidez y desprendimiento de polen, por lo que deberemos disponer de la intensidad lumínica suficiente y en un tono adecuado que no distorsione los tonos, colores y matices  originales. La reproducción cromática teórica próxima al 100%, y práctica del  93-95%, lo cual no se consigue con sodio ni mercurio y sí con incandescentes, halógenas y algunos tipos de fluorescentes como TLD 93 – 95, debiendo disponer de un mínimo de 5.000 Lux para una correcta visualización. Puede ser conveniente disponer de una pequeña lámpara portátil de halógeno con el fin de realizar exámenes detallados o a contraluz. En caso de realizar una cata semiprofesional o profesional, se hace imprescindible una lupa – microscopio que nos permita observar con todo lujo de detalles el estado de los tricomas así como la presencia de insectos, polvo o cualquier agente extraño a la muestra. Por último, deberemos disponer de dos cartulinas, una blanca y otra negra mate que nos servirán para observar contrastes y restos recogidos tras la manipulación de la muestra.

Como complementos básicos del entorno, aunque no imprescindibles, podemos considerar el disponer de un pequeño ventilador de mano para limpieza rápida del aire próximo, pañuelos para limpiar las fosas nasales de pequeñas partículas y expulsar mucosas, alcohol para limpiar restos de resina en los dedos, agua embotellada de mineralización débil y una escupidera profunda. Por supuesto, también precisaremos de papel de liar o pipa para poder ejecutar el proceso de fumado, pero este tema se tratará en el capítulo correspondiente.

Primeros Pasos, Primera Impresión

Una vez que nos encontramos en el lugar de cata y todos los elementos están dispuestos, llega el momento de comenzar la cata. Antes de comenzar deberemos tener las manos, o más bien las yemas de los dedos bien limpias. Si hemos usado alcohol para limpiar la yema de los dedos, deberemos lavar éstas después con agua, con el fin de eliminar los restos de olor que puedan haber dejado los aditivos que suelen contener los alcoholes de farmacia. Una vez lavadas, se secarán con otro pañuelo de tela, es muy importante que no suelte pelo. Éste puede ser también un buen momento para limpiar las fosas nasales.

A continuación, procederemos a extraer la muestra a degustar. Como expresábamos en el número anterior, la primera valoración es casi simultánea en tacto, oído, vista y olfato, por este orden, siendo el oído opcional. De esta forma, podemos determinar una valoración básica que damos en denominar “primera impresión”, y que es válida para todos los niveles de cata. Este primer análisis no será excesivamente profundo, primando más bien las sensaciones o impresiones “instintivas” o que se perciben sin esfuerzo.

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Por lo tanto, extraemos la muestra de su recipiente o contenedor con extremo cuidado al objeto de no deteriorarla. Separaremos un pequeño racimo floral y depositamos el resto de la muestra sobre una cartulina negra. A continuación apretaremos una o dos veces el pequeño cogollo que  hemos separado entre el dedo índice y el pulgar, con ligera presión, intentando apreciar su textura, pero sin rotar los dedos para no deshacerlo. Podemos realizar esta acción acercando los dedos al oído y escuchando el sonido que produce la muestra al ser presionada. Aunque esta última práctica es opcional, recomendamos encarecidamente su uso aún en cata básica, pues la información que revela en cuanto a secado y curado es muy valiosa.

Pasamos pues al análisis visual. Es obvio que hasta este punto,  ya hemos “visto” la muestra o cogollo tras su manipulación, etc. pero ahora llega el momento de “mirarlo”. Depositamos el pedazo que teníamos en la mano en  la cartulina blanca y tomamos el resto de la muestra de la cartulina negra. Cogeremos ésta de la parte inferior y la giraremos ante nuestros ojos varias veces pero sin acercarlo demasiado, ya que lo que pretendemos es apreciar la “estética” de la muestra, su aspecto exterior y manicurado, y los colores y tonos generales. Podemos darle unas vistas a contraluz y al contraste con el fin de ver más definidos los perfiles y/o los brillos producidos por los tricomas.En este momento podríamos pensar en parar para hacer una síntesis de las sensaciones percibidas en tacto y oído, sin embargo la valoración de “primera impresión” ha de realizarse de forma continua y fluida de manera que no se reflexione en demasía sobre cada sensación, siendo al final de todo el proceso cuando se realiza la valoración y la descripción de ésta. Así conseguimos que la percepción que describimos sea la que ha quedado de alguna forma marcada en nuestra memoria inmediata y que se relacione inmediatamente con todas las muestras analizadas anteriormente. Algunos catadores experimentados son capaces de identificar una variedad con un alto índice de acierto solamente con la valoración de “primera impresión”. Por lo tanto, continuaremos examinado la muestra con el resto de los sentidos sin pausas excesivas entre cada uno de ellos.

Por último, realizaremos un primer análisis olfativo superficial rápido. Primero acercaremos la muestra a la nariz procurando no apretarla y realizaremos una inspiración lenta y rápida, reteniendo el aire a continuación. Podemos repetir esta operación un par de veces para después hacerlo apretando ligeramente la muestra entre los dedos. En este caso, realizaremos inspiraciones cortas y fuertes coincidiendo con el momento en que presionamos la muestra, de manera que absorbamos todos los agentes volátiles que se liberan al romperse algunos tricomas por la presión dactilar. Volvemos a recordar que esta es una valoración general y superficial, por lo que no nos detendremos a intentar separar fondos de aroma, limitándonos a aislar los tonos básicos. Por ejemplo, en caso de que detectemos un toque a frutas, bastará con que clasifiquemos el aroma de frutal sin entrar a determinar a qué tipo de fruta o frutas nos recuerda.

Depositamos la muestra sobre la cartulina negra y pasamos a la valoración de “primera impresión”. Para ello, realizaremos una valoración numérica en una escala de 0 a 9 atendiendo a una estimación general de la muestra basada en cada uno de los sentidos utilizados, teniendo siempre en cuenta que ésta es una valoración subjetiva y superficial, susceptible de diferir en su valor de las estimaciones posteriores y más profundas de la misma muestra. Esto quiere decir que la “primera impresión” puede ser “buena”, mientras que tras un análisis más estricto la muestra puede ser clasificada como “mala”, y viceversa. Resumiendo, el catador debería expresar mediante la valoración numérica su gusto o disgusto de manera global por la muestra en su primer contacto.

También se expresarán las sensaciones para cada uno de los sentidos utilizados con un lenguaje leve, claro y concreto. A continuación proponemos algunos términos que pueden ser utilizados en la descripción de la “primera impresión”:

Tacto

Duro, blando, pastoso, pegajoso, seco, crujiente, polvoriento, denso, pesado, ligero.

Oído

Crujiente, seco, murmullo, pastoso.

Vista

Brillante, mate, basto, fino, limpio, sucio, compacto, suelto, viejo, fresco, seco.

Olfato

Ácido, dulce, profundo, ligero, sabroso, picante, orina, heces, moho, tierra, fruta fresca, fruta madura, fruta podrida, madera, incienso, flores, queso, pimentón, vino, carne, sangre fresca, sudor.

Al final de la obra se ofrecerá un glosario con las definiciones estimadas para estos y otros términos que iremos utilizando a lo largo de la escuela de cata. Por supuesto, este vocabulario es ampliable y susceptible de mejora, por lo que todas las opiniones y colaboraciones serán bienvenidas a través del mail info@airambarcelona.com.

En el próximo capítulo profundizaremos en algunas de las cuestiones tratadas en éste, enfocando la metodología hacia los niveles semiprofesional y profesional, para lo que proporcionaremos unas fichas de cata que contienen lo necesario para registrar todos los parámetros y valoraciones que se puedan producir a lo largo de estas. Si quieres ver el resto de volúmenes del Curso de Cata Cannábica haz click en el siguiente enlace.

Como siempre, te recordamos que puedes comentar o añadir cualquier información mediante un comentario en este mismo post o en los enlaces que colgamos al mismo tanto en facebook como en twitter.

¡Hasta el próximo volumen!

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Curso de Cata Cannábica Vol. II

Tras conocer algunos de los conceptos generales sobre el significado de “cata” y establecer unas premisas básicas en relación con la necesidad de unificar criterios a la hora de realizar un análisis organoléptico serio en cannabis narcótico, vamos a introducirnos en el fascinante mundo de la cata cannábica a nivel sensorial, sin temor a decir que probablemente nos encontremos ante el producto vegetal de consumo humanos con la mayor gama de matices para cada uno de los sentidos. Será nuestra tarea identificarlos y clasificarlos.

El proceso de cata sensorial en el cannabis narcótico es similar en lo básico al de otros productos vegetales o animales. Como su denominación – “sensorial”-  indica, se trata de percibir con cada uno de los cinco sentidos las sensaciones que nos produce su consumo, por lo tanto  a nivel visual, auditivo, táctil, gustativo y olfativo. Sin embargo, en el caso del cannabis existen otras sensaciones susceptibles de ser tenidas en cuenta, como su nivel de expectoración y broncodilatación. Existen incluso otras sensaciones más sutiles, que sin llegar a clasificarse como psicoactivas, si podrían entrar en la categoría de psicosomáticas, como la sensación de tensión en la nuca o en los músculos faciales (típica sonrisa del fumador), salivación o sequedad de boca e hinchazón de los ojos. Por último, existen otras puramente físicas, como el hormigueo en piernas y brazos, la taquicardia o la astenia repentina. El buen catador deberá tipificar el máximo de sensaciones percibidas, para lo cual ha de seguir una metodología de cata en la que se varíe lo mínimo posible  la forma y manera de realizarla de manera que se puedan reproducir e identificar.

La Cata Sensorial y el Lenguaje

cata cannábicaSi para percibir conscientemente algunas de las sensaciones que se producen a lo largo del proceso de cata de cannabis narcótico ya es necesario un cierto entrenamiento, el problema se agranda al intentar tipificarlas y expresarlas de manera que cualquiera pueda hacerse una idea lo más aproximada posible de cuales serán esas sensaciones simplemente leyendo la descripción de la cata. Estamos hablando de la expresión o terminología a utilizar para describir lo que sentimos con cada uno de nuestros sentidos así como otras posibles sensaciones susceptibles de ser apreciadas a lo largo de proceso de cata.

Como decíamos, quizá este sea una de las cuestiones más complicadas a la hora de realizar una cata “normalizada”, pues en algunos casos resulta realmente difícil transmitir sensaciones donde forzosamente puede entrar un componente subjetivo. La terminología deber ser precisa y densa al tiempo que comedida, pues de otra manera el ejercicio de la cata podría llegar a convertirse en una expresión “cuasi” lírica y los maestros parecerían más gurús oscurantistas que diáfanos enseñantes. Si tenemos en cuenta que una creencia se convierte en ciencia cuando se puede medir y expresar con números, y a pesar de que hoy por hoy distamos bastante de esto a causa de diferentes motivos entre los que se encuentra el hecho de que el comercio con cannabis narcótico es ilegal, quizá sea un buen momento para intentar acercarnos lo más posible al concepto de que su consumo por adultos responsables es perfectamente aceptable a nivel social, y que por lo tanto, es sensible a su tipificación organoléptica y psicoactiva.

Por todo lo anterior, a lo largo de la serie incluiremos los glosarios necesarios que hasta ahora hemos compendiado para la tipificación, expresión y terminología de la cata cannábica cuando sea necesario. Estos glosarios pueden aparecer incompletos a causa de diferentes motivos, por lo que rogamos al Lector comunique al mail info@airambarcelona.com  cualquier cuestión que se le presente al respecto.

El Imperio de los Sentidos

sentidos básicosPara comenzar, vamos a diferenciar entre lo que denominamos “sentidos básicos”, es decir, aquellos que interpretan una sensación de forma directa e inequívoca, de otros que podríamos categorizar de otros “secundarios” e incluso de un tercer tipo o “complementarios”. Esta clasificación atiende a parámetros íntimamente ligados a la forma de consumo más habitual, es decir, combustionado.

 Por supuesto, la clasificación sensorial en la cata de cannabis narcótico difiere de la que se realiza para otros productos como el vino o el queso. Ello es debido entre otras cosas a la gran complejidad química de la especie vegetal que nos ocupa y a los diferentes efectos fisiológicos que produce. Si bien es cierto que para realizar una cata mas analítica, o quizá una “pre-cata”, debería tenerse en cuenta la posibilidad de probar gustativamente el cannabis antes de fumarlo, no vamos a entrar en esta materia que realmente merecería un monográfico completo. Por el contrario, a continuación describiremos cada una de las categorías sensoriales para la cata cannábica:

Sentidos Primarios

Olfato, Gusto y Vista

Sentidos Secundarios

Tacto, Oído

Sensaciones Complementarias

Salivación, Expectoración, Dilatación bronquial, Irritación de las mucosas, Tensión muscular, Tensión ocular

Reacciones Físicas

Taquicardia, Astenia, Apetito, Caída de tensión

Esta clasificación no implica una mayor o menor importancia de un determinado sentido o sensación sobre otra, sino que atiende al nivel imprescindible para realizar una cata cannábica. Por ejemplo, podemos realizar una cata básica sólo mediante la vista el gusto y el olfato, mientras que si escuchamos como suena un cogollo al deshacerse o somos capaces de evaluar el nivel de expectoración que produce al inhalar o exhalar el humo ya estaríamos hablando de catas más profesionales o profundas. Debemos recordar que en ningún caso estamos refiriéndonos a posibles efectos psicoactivos ni a impresiones subjetivas aparentemente físicos derivados de los anteriores, y cuyo estudio se llevará a cabo más adelante en la serie.

Para realizar una cata cannábica de manera correcta es necesario hacerlo en una serie de pasos bien definidos y que se encuentran dentro de un orden. Éste no es aleatorio, sino que viene determinado por las características del producto que vamos a catar y de la forma de hacerlo, pues no es igual ingerir que inhalar nasalmente o bucalmente, así como tampoco lo es fumar en papel o en pipa. Por este motivo, y sin entrar en diatribas sobre “ritualidad” o “parafernalia”, se hace necesaria una metodología de cata que establezca los pasos a seguir y el orden de estos. Este orden lógico se encuentra marcado primero por las acciones que realizamos para confeccionar el cigarrillo o cargar la pipa para la cata y después por las necesarias para ejecutar físicamente la cata.

De esta manera, si nos fijamos, podremos observar que el primer e indispensable paso es la manipulación del cogollo al objeto de picarlo, ya sea a mano, con tijeras o un picador. A lo largo de este proceso también intervienen la vista (si no se es invidente) y el olfato. También el oído es susceptible de ser trabajado en esta fase. Como podemos ver, de forma paradójica son los sentidos clasificados como secundarios (tacto, oído) son los primeros en ser utilizados junto con la vista y el olfato, mientras que el gusto, siendo primario, queda relegado a un segundo paso, el de la combustión. La aparente incongruencia en la clasificación no es tal, pues los únicos sentidos realmente imprescindibles para realizar una cata básica son el gusto y el olfato. El resto de los sentidos amplían la profundidad de análisis en el proceso de cata, pero pueden ser obviados en determinadas situaciones. En la metodología de cata que expondremos más adelante se considerarán todos los sentidos referenciados pero estableceremos tres niveles de cata atendiendo a la complejidad o simplicidad del uso de cada uno de ellos, de forma que hablaremos de cata básica, semiprofesional y profesional.

La cata básica es aquella en la que el objetivo es simplemente determinar si la hierba es o no de nuestro agrado sin atender en demasía a factores como su presencia o su tacto. Se puede profundizar más o menos en los matices gustativos, pero usualmente se suelen limitar a los sabores primarios, ácido, amargo, dulce y salado. La cata semiprofesional se adentra en aspectos como la presentación y textura de la muestra, su aroma antes y después de la combustión, la distinción de matices frutales y la identificación repetitiva de olores y sabores. También se ocupa de efectos como la salivación o la expectoración. Por último, la cata profesional es en la que se llegan a detectar los excesos de nutrientes o la presencia de insecticidas en la muestra, determinar si la planta fue cosechada en el momento óptimo y si el secado y el curado se realizó de manera correcta. El catador profesional deberá con el tiempo y la experiencia ser capaz de identificar variedades, líneas puras y componentes de hibridación, acumulando datos de toda la gama olfativa y gustativa. Dependiendo de la sensibilidad del catador se podrán apreciar también otras sensaciones complementarias y físicas. Cuanto más completas sean las anotaciones o expresión de la cata, mas fácil será su posterior interpretación por el resto de las personas, entendidas o no.

Dentro de un Orden

Bien,  vamos ahora a recapitular aprovechando para establecer un orden concreto en los pasos previos a la cata en combustión. Como ya hemos dicho, lo primero que hacemos es extraer el cogollo o la muestra de su contenedor. En este momento tenemos diferentes opciones dependiendo del nivel de cata que estemos realizando:

  • Cata Básica – Análisis Táctil Superficial
  • Cata Semiprofesional – Análisis Táctil
  • Cata Profesional – Análisis Táctil y Auditivo

A continuación pasamos a la vista:

  • Cata Básica – Análisis Visual Superficial
  • Cata Semiprofesional – Análisis Visual Profundo
  • Cata Profesional – Análisis Visual Externo y con Microscopio

Seguimos con el olfato:

  • Cata Básica – Análisis Olfativo Básico
  • Cata Semiprofesional – Análisis Olfativo con identificación de aromas
  • Cata Profesional – Análisis Olfativo Profundo con identificaciónampliada de aromas, propios y adquiridos

Por último, antes de preparar el cigarrillo o pipa de cata, deberemos homogeneizar, picar la muestra. En este momento, dependiendo de nuevo del nivel de cata podemos:

  • Cata Básica – Picado con picador o tijeras
  • Cata Semiprofesional – Picado con tijeras o Manual con análisis olfativo posterior
  • Cata Profesional – Picado Manual con análisis táctil y olfativo posterior con identificación de cambios.

El siguiente paso sería la confección del cigarro o pipa de cata, pero considerando este acto con entidad propia, se estudiará más adelante. En el próximo capítulo entraremos en profundidad en el análisis y la metodología de apreciación para cada uno de los sentidos expuestos más arriba, dependiendo como siempre del nivel de cata que deseemos realizar.

Recuerda que puedes acceder a todas las publicaciones de esta série Curso de Cata Cannábica Vol.1 y si tienes cualquier duda o comentario puedes hacerlo a traves del perfil de twitter o facebook de AIRAM.

¡Hasta el próximo capítulo!

AIRAM the natural alternative   La maria club


Curso de Cata Cannábica Vol. I

Empezamos una serie de 6 artículos y un completo glosario, escritos por Luis Hidalgo, sobre la Cata Cannábica. Con ellos aprenderemos a conocer mejor nuestra planta amiga, a saber diferenciar entre las distintas variedades y a poder apreciar mejor sus propiedades organolépticas.

Introducción

El cannabis narcótico en su presentación para uso lúdico es quizá, junto con el vino, uno de los productos agrícolas más complejos a la hora de expresar sabores y aromas, así como el resto de matices sensoriales referentes a la vista, el tacto e incluso el oído. Sabemos que otros productos agrícolas y ganaderos, como el queso o el aceite de oliva, se encuentran regulados por distintos organismos que deciden sobre denominaciones de origen o sobre la calidad de una determinada cosecha.

Estos organismos o comités reguladores se encargan de tipificar el origen y certificar la calidad de los productos que les competen, garantizando que son y contienen lo que dicen, así como su procedencia. Para ello, uno de los medios que se utilizan es la cata sensorial u organoléptica, esto es, la prueba del producto mediante los sentidos y la consiguiente identificación de matices en cada uno de ellos.

Sin embargo, y a pesar de que el número de consumidores lúdicos de cannabis adultos y responsables crece cada día, resulta imposible crear ningún tipo de organismo oficial al respecto, dada su ilegalidad. Aunque el consumo privado no se encuentra penado y es perfectamente legal, existen una serie de matices legales que impiden la creación de Clubs de Catadores de Cannabis abiertamente ya que aunque hay algunos en funcionamiento, lo hacen en semiclandestinidad y siempre con la espada de Damócles de la persecución policial y judicial sobre ellos.

Por lo tanto, a día de hoy no existe ninguna asociación, organismo o comité que se encargue de categorizar las diferentes variedades de marihuana, autóctonas o comerciales. Como consecuencia, tampoco se ha publicado ninguna metodología escrita  que se encargue de establecer al menos unas normas básicas sobre cómo y en qué condiciones se debería realizar una cata de cannabis narcótico.

En la actualidad proliferan las Copas Cannábicas en nuestro país, donde se celebran a lo largo de todo el año por iniciativa de las diferentes Asociaciones de estudios sobre el cannabis que se reparten por el territorio nacional. También diferentes entidades privadas celebran sus eventos de competición y cata, pero en cualquier caso, ni los jurados populares ni los especializados poseen unos criterios unificados ni un procedimiento estándar para realizar las distintas pruebas a las muestras presentadas antes de ser consumidas. Tampoco en lugares con amplia tradición cannábica, como Holanda o Canadá existe una metodología común que permita evaluar en condiciones de igualdad las diferentes variedades cultivadas por distintos productores.

Ni siquiera en los coffee shops o en las grandes Copas se encuentran catadores especializados que puedan, por ejemplo, desenmascarar una variedad copiada o detectar si una determinada muestra es de una u otra procedencia.

Es por todo esto que tras años de exhaustivo trabajo, el autor de esta obra es de la opinión de que el actual es un momento adecuado para la publicación de esta obra, en la que se compendian diferentes metodologías para la cata de cannabis narcótico en diferentes vertientes y para distintos fines. En ningún caso se pretende “sentar cátedra” y algunas de las técnicas y conclusiones que se expondrán serán sin duda susceptibles de revisión y mejora, para lo que se proporcionará una dirección de correo electrónico a modo de buzón de sugerencias, en la que los Lectores podrán dejar sus opiniones, todo ello en un intento de establecer al menos unos criterios básicos para poder realizar unas sesiones de cata con un mínimo de entidad.

Es nuestro deseo que esta obra pueda ser de utilidad y que, en última instancia, suponga una aportación a la importante tarea de ampliar el conocimiento de nuestra YERBA siempre con la premisa de que nuestro objetivo no es otro que el de intentar acercar el placer de degustar un buen cannabis narcótico a todos aquellos que deseen apreciarlo mejor.

Generalidades sobre la Cata

Una cata es la práctica de prueba de un determinado líquido, sólido o gaseoso. Dependiendo del producto a catar, la determinación de matices es más o menos compleja, pero podemos establecer diferentes sinónimos como degustación, análisis organoléptico o análisis sensorial. Conviene matizar que aunque estos sustantivos engloban el mismo concepto deberíamos desde ya realizar una primera distinción dependiendo del objetivo de la acción y su trascendencia, de manera que cata y degustación se refieren más bien a la evaluación de cannabis en concursos o evaluación de catadores, mientras que análisis sensorial y organoléptico están más relacionados con la floreciente ciencia cannábica.

El vocablo “cata” proviene del castellano antiguo y significa mirar y buscar. Ya en elCantar del Mio Cid se referencia:

V 121 ” – que non las catedes entoda aqueste año”.

V 164 ” – que si antes las catassen quefossen perjurado”.

V 3126 ” – No ¡pueden catar de vergüenza, fantes de Carrión!”.

Sin embargo, el cannabis narcótico posee una característica especial y única que lo diferencia de cualquier otro producto susceptible de ser cata:  su efecto psicoactivo. A partir de su interactuación con el sistema endocannabinoide humano y sus receptoresCB1 yCB2 se producen ciertas alteraciones de los procesos mentales al tiempo que afectan a determinados procesos fisiológicos como el apetito o el dolor. Esto provoca que su tratamiento sea absolutamente diferente en este aspecto, por lo que en esta obra se hará una clara diferenciación entre “Cata organoléptica” y “Cata psicoactiva”, abordando cada una de ellas por separado pero resaltando sus puntos comunes.

En cada entrega de la serie se aportará la ficha de cata de una variedad dada realizada por un equipo de cata integrado por cinco personas que han colaborado en esta serie, en la que se especificarán las notas de cata organoléptica, psicoactiva y medicinal.

¿Para qué es la Marihuana?

De la misma manera que el vino es para ser bebido, el cannabis narcótico fundamentalmente existe para ser fumado, pero por otra parte, en ambientes mas técnicos o incluso médicos lo usual es establecer una prioridad que antepone la actividad analítica de laboratorio a la práctica del consumo y así se da el caso de que el técnico o analista suele dar más importancia a los datos que a las sensaciones. La marihuana es un producto de una larga tradición que encuentra su sentido al ser consumido en compañía, socialmente, o bien en la intimidad en la búsqueda de nuevas sensaciones y autoconocimiento. Bajo esta perspectiva, podríamos posicionar la cata en un escalón inferior y el análisis aún por debajo. De esta forma concluimos que el análisis del cannabis narcótico debe complementar el campo técnico donde no llega la cata. A lo largo de la serie nos ocuparemos también de esta cuestión, acuñando un nuevo término: la “cannalogía”, con un significado análogo al de la enología o estudio del vino.

Como es obvio,  un nivel alto de cultura cannalógica supone amplios conocimientos del cannabis narcótico a través de la cata. Pero aunque llegar a esta conclusión es sencillo, no lo es tanto conocer si la actividad cannalógica supone cultura cannalógica. Bajo nuestro punto de vista, es claro que no, al menos a nivel de cannalogía tradicional o artesana. Por ejemplo, al estar hablando de necesidades de consumo dentro del área de influencia del cannabis narcótico como producto en nuestra civilización, el hecho implica saber elegir, y para ello es necesario un nivel cultural cannalógico amplio. Sin embargo, también podemos poner el ejemplo de una pequeña localidad del Sur de India, que lleva siglos conviviendo con la planta y tiene su autoconsumo satisfecho. Ahí se encuentra el “quid” de la cuestión, pues en su caso, la abundancia de producto hace que parezca no ser necesario saber más sobre él.

Esto produce un curioso efecto y es que las zonas con un mejor clima para la producción de cannabis narcótico y cuyos gobiernos son más o menos permisivos con su cultivo poseen menos cultura cannalógica, siendo ésta mucho más amplia en países de climas perjudiciales para la cannabicultura o en los que su cultivo se encuentra perseguido por la ley. Por ejemplo, conseguir cannabis en Dinamarca o Finlandia es ciertamente complicado y la valoración que se hace del producto es altísima por su escasez y la peligrosidad de su comercio, al ser un país no productor. Dados pues estos dos factores, consumo y cultura, y por pura necesidad selectiva, los países no productores tienen una mayor cultura cannalógica y un síntoma es una mayor tendencia a la evaluación por cata. Como índice actual de esta separación entre tradición y cultura cannalógica, puede verse cómo en diferentes reportajes y películas se muestran escenas en las que los consumidores de cannabis ven malograda su imagen y situación social, lo que es incomprensible para un “saddhu”, o un monje tibetano, por ejemplo. En base a todo lo anterior podemos definir distintos tipos de cata atendiendo al fin buscado:

Evaluación – Valoración simple a nivel sensorial y/o psicoactivo

Pureza – Para detectar la presencia de insecticidas, agentes patógenos  y/o excesos de nutrientes en la cosecha

Origen – Para determinar:

   a) Zona de origen

   b) Tipo de cultivo y nutrición

   c) Líneas integrantes del híbrido

   d) Secado y Curado

Seguimiento – Para conocer la estabilidad o degradación del producto ya curado a lo largo del tiempo

Predicción – Para poder anticipar la evolución de una variedad en el secado y curado.

Científica – Para el apoyo de investigaciones y ensayos cannalógicos a nivel médico o con otros fines.

La Cata Cannábica y el Comercio

Como todos sabemos, en principio, cualquier fin que se le dé al cannabis narcótico obtenido de una cosecha que no sea el autoconsumo privado, es ilegal. Sin embargo, es precisamente en éste ámbito en el que se podría establecer un marco en el que desarrollar un programa de cata.

A causa de esta ilegalidad, nos encontramos con que no existe un comercio normalizado del producto, que sí es habitual en otros. Por ejemplo, en los productos alimenticios, la cata suele ser uno de los argumentos principales a la hora de su funcionamiento y permanencia en el mercado de su sector, como puede ser el vino, el queso, el aceita de oliva o el jamón serrano. En el mundo de la cannabicultura, dependiendo de la experiencia y el entorno, el usuario suele anteponer las propiedades psicoactivas a las organolépticas sin percibir que es un conjunto global integrado de todo el proceso de consumo, desde el acto de deshacer una sumidad florar entre los dedos hasta la exhalación el humo y su posterior análisis olfativo y visual, lo que produce un efecto psicoactivo redondo y pleno en su concepto.

En los últimos años, tras la aparición de las tiendas de cultivo especializadas, la prensa del sector y el funcionamiento e iniciativa de al algunas asociaciones de estudios sobre el cannabis, han promovido un notable aumento en la cultura cannalógica en nuestro país, motivado también en parte por la facilidad de desplazamiento hasta Holanda, único país del mundo en el que el comercio y consumo público de cannabis es legal dentro de los coffeeshops. En estos locales podemos encontrar una carta o menú con distintas variedades comerciales de cannabis narcótico y usualmente suelen mantener su denominación, como AK-47 o Bubble Gum. Esta situación ha permitido a multitud de personas comprobar cómo la misma variedad (de nombre) puede tener diferentes características dependiendo de cómo ha sido cultivada, secada o curada.

Se trata pues de establecer unos cánones por los que poder reconocer realmente una variedad si hablamos de líneas puras, o al menos sus componentes en el caso de híbridos, pues al fin y al cabo, el usuario demanda básicamente una variedad por su cata anterior. Esta forma de trabajo sería la normal y permitiría ajustes de calidad por precio y comercio, si éste fuera legal. Sin embargo, hasta el día de hoy, el comercio de semillas de cannabis si que continúa siendo legal, de manera que el cannabicultor, ya sea novel o experto, tiene la posibilidad de crecer una variedad que haya catado anteriormente.

La forma que tienen los productores de semillas de dar a conocer sus variedades de forma general suele ser a través de los eventos denominados “copas cannábicas” o “cannabis cup” en los que los participantes aportan sus variedades y reciben muestras de los de los demás, de manera que pueden experimentar lo cultivado por otros cannabicultores y realizar una valoración simple que suele ser una nota numérica en aspectos como la presencia, aroma, sabor y potencia. En algunos casos también interviene un jurado más o menos “especializado”, aunque realmente no se sigue ningún tipo de metodología unificada para la evaluación de las muestras.

Sin embargo, este método de información al consumidor es susceptible de ser prostituido al utilizar la cata como instrumento para establecer categorías de calidad con posteriores e importantes campañas publicitarias, rompiendo el sistema de calificación ramificado e induciendo al consumidor en determinado sentido. Este sistema de las Copas Cannábicas podría ser eficaz si fuera honesta en todos los casos, pero  tales sistemas de información y de concesión de copas, placas y medallas  suele estar vinculado al comercio de semillas de cannabis, dando como resultado que en muchos casos la cata haya sido argumentada por alguien que es “juez y parte”.

Por todo lo anterior y para concluir este capítulo, creemos que aquellos cannabicultores que producen material de alta calidad han de intentar ser expertos valoradores de su esfuerzo y no permitir en ningún caso que solamente sea evaluado por sistemas de azar o suerte subjetiva. Al mismo tiempo aquel que analiza el cannabis, si paralelamente realiza su cata, podrá constituirse en el más cualificado catador al contar con la ventaja de poder relacionar datos con sensaciones.

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