Curso de Cata Cannábica Vol. III

Introducción a la Cata

Hemos podido comprobar que la cata organoléptica o sensorial de cannabis narcótico es posiblemente una de las más complejas, pues mientras que para otros productos vegetales se utilizan dos o tres sentidos, en este caso se aplican todos ellos y en diferentes aspectos. A causa de esto, se hace necesario el desarrollo de una metodología que tipifique y establezca unas normas o criterios para la realización de cada paso en el proceso de la cata, de forma que cada catador pueda expresar de una manera homogénea y normalizada sus conclusiones.

En el capítulo anterior dejamos establecido un orden para realizar cada una de las acciones del proceso de cata, atendiendo además al nivel de ésta. Antes de comenzar con la metodología para cada uno de los pasos es conveniente realizar una somera descripción de las especificaciones que debería cumplir el recinto o local donde se vayan a realizar las pruebas.

El Entorno para la Cata

A diferencia de otros productos como el vino, que requiere un entorno de cata altamente controlado, las características del entorno para la cata organoléptica de cannabis narcótico no son excesivamente restrictivas. Un espacio amplio y tranquilo, bien iluminado y ventilado será suficiente. Es importante evitar locales pequeños o de techos bajos que tienden a condensar el humo, así como lugares cerrados sin ninguna ventilación o bien con corrientes de aire de intensidad excesiva.  Estas recomendaciones son válidas para todos los niveles de cata.

Panel digital de temperatura y humedad relativaA partir del nivel semiprofesional, la cuestión de la temperatura y la humedad relativa del lugar en el que se vaya a realizar la cata adquieren cierta importancia, en relación con el rápido deterioro de la muestra debido a las condiciones ambientales. Por ejemplo, una temperatura alta en combinación con una humedad relativa alta provocará un efecto de “rehidratado” en la muestra en un lapso de minutos desde que se extrae del contenedor o recipiente en el que se conserva. De la misma manera una humedad baja o muy baja influirá en muy poco tiempo en la textura externa de la muestra, desvirtuando así su estado original. También los olores y los sabores en la combustión se ven alterados por estos factores, por lo que estableceremos como condiciones ideales de cata una temperatura de 22º – 24º y una humedad relativa del aire en torno al 50%. Trabajando en estos rangos se mantienen estables tanto la textura de la muestra como los agentes aromáticos el tiempo suficiente como para realizar una sesión completa de cata profesional, esto es, alrededor de unas dos horas.

Como decíamos, la iluminación ha de ser clara y potente sin llegar a deslumbrar. Tengamos en cuenta que en la fase visual de la cata tendremos en cuenta parámetros como el color, brillo, densidad, distribución y tipo de tricomas, limpidez y desprendimiento de polen, por lo que deberemos disponer de la intensidad lumínica suficiente y en un tono adecuado que no distorsione los tonos, colores y matices  originales. La reproducción cromática teórica próxima al 100%, y práctica del  93-95%, lo cual no se consigue con sodio ni mercurio y sí con incandescentes, halógenas y algunos tipos de fluorescentes como TLD 93 – 95, debiendo disponer de un mínimo de 5.000 Lux para una correcta visualización. Puede ser conveniente disponer de una pequeña lámpara portátil de halógeno con el fin de realizar exámenes detallados o a contraluz. En caso de realizar una cata semiprofesional o profesional, se hace imprescindible una lupa – microscopio que nos permita observar con todo lujo de detalles el estado de los tricomas así como la presencia de insectos, polvo o cualquier agente extraño a la muestra. Por último, deberemos disponer de dos cartulinas, una blanca y otra negra mate que nos servirán para observar contrastes y restos recogidos tras la manipulación de la muestra.

Como complementos básicos del entorno, aunque no imprescindibles, podemos considerar el disponer de un pequeño ventilador de mano para limpieza rápida del aire próximo, pañuelos para limpiar las fosas nasales de pequeñas partículas y expulsar mucosas, alcohol para limpiar restos de resina en los dedos, agua embotellada de mineralización débil y una escupidera profunda. Por supuesto, también precisaremos de papel de liar o pipa para poder ejecutar el proceso de fumado, pero este tema se tratará en el capítulo correspondiente.

Primeros Pasos, Primera Impresión

Una vez que nos encontramos en el lugar de cata y todos los elementos están dispuestos, llega el momento de comenzar la cata. Antes de comenzar deberemos tener las manos, o más bien las yemas de los dedos bien limpias. Si hemos usado alcohol para limpiar la yema de los dedos, deberemos lavar éstas después con agua, con el fin de eliminar los restos de olor que puedan haber dejado los aditivos que suelen contener los alcoholes de farmacia. Una vez lavadas, se secarán con otro pañuelo de tela, es muy importante que no suelte pelo. Éste puede ser también un buen momento para limpiar las fosas nasales.

A continuación, procederemos a extraer la muestra a degustar. Como expresábamos en el número anterior, la primera valoración es casi simultánea en tacto, oído, vista y olfato, por este orden, siendo el oído opcional. De esta forma, podemos determinar una valoración básica que damos en denominar “primera impresión”, y que es válida para todos los niveles de cata. Este primer análisis no será excesivamente profundo, primando más bien las sensaciones o impresiones “instintivas” o que se perciben sin esfuerzo.

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Por lo tanto, extraemos la muestra de su recipiente o contenedor con extremo cuidado al objeto de no deteriorarla. Separaremos un pequeño racimo floral y depositamos el resto de la muestra sobre una cartulina negra. A continuación apretaremos una o dos veces el pequeño cogollo que  hemos separado entre el dedo índice y el pulgar, con ligera presión, intentando apreciar su textura, pero sin rotar los dedos para no deshacerlo. Podemos realizar esta acción acercando los dedos al oído y escuchando el sonido que produce la muestra al ser presionada. Aunque esta última práctica es opcional, recomendamos encarecidamente su uso aún en cata básica, pues la información que revela en cuanto a secado y curado es muy valiosa.

Pasamos pues al análisis visual. Es obvio que hasta este punto,  ya hemos “visto” la muestra o cogollo tras su manipulación, etc. pero ahora llega el momento de “mirarlo”. Depositamos el pedazo que teníamos en la mano en  la cartulina blanca y tomamos el resto de la muestra de la cartulina negra. Cogeremos ésta de la parte inferior y la giraremos ante nuestros ojos varias veces pero sin acercarlo demasiado, ya que lo que pretendemos es apreciar la “estética” de la muestra, su aspecto exterior y manicurado, y los colores y tonos generales. Podemos darle unas vistas a contraluz y al contraste con el fin de ver más definidos los perfiles y/o los brillos producidos por los tricomas.En este momento podríamos pensar en parar para hacer una síntesis de las sensaciones percibidas en tacto y oído, sin embargo la valoración de “primera impresión” ha de realizarse de forma continua y fluida de manera que no se reflexione en demasía sobre cada sensación, siendo al final de todo el proceso cuando se realiza la valoración y la descripción de ésta. Así conseguimos que la percepción que describimos sea la que ha quedado de alguna forma marcada en nuestra memoria inmediata y que se relacione inmediatamente con todas las muestras analizadas anteriormente. Algunos catadores experimentados son capaces de identificar una variedad con un alto índice de acierto solamente con la valoración de “primera impresión”. Por lo tanto, continuaremos examinado la muestra con el resto de los sentidos sin pausas excesivas entre cada uno de ellos.

Por último, realizaremos un primer análisis olfativo superficial rápido. Primero acercaremos la muestra a la nariz procurando no apretarla y realizaremos una inspiración lenta y rápida, reteniendo el aire a continuación. Podemos repetir esta operación un par de veces para después hacerlo apretando ligeramente la muestra entre los dedos. En este caso, realizaremos inspiraciones cortas y fuertes coincidiendo con el momento en que presionamos la muestra, de manera que absorbamos todos los agentes volátiles que se liberan al romperse algunos tricomas por la presión dactilar. Volvemos a recordar que esta es una valoración general y superficial, por lo que no nos detendremos a intentar separar fondos de aroma, limitándonos a aislar los tonos básicos. Por ejemplo, en caso de que detectemos un toque a frutas, bastará con que clasifiquemos el aroma de frutal sin entrar a determinar a qué tipo de fruta o frutas nos recuerda.

Depositamos la muestra sobre la cartulina negra y pasamos a la valoración de “primera impresión”. Para ello, realizaremos una valoración numérica en una escala de 0 a 9 atendiendo a una estimación general de la muestra basada en cada uno de los sentidos utilizados, teniendo siempre en cuenta que ésta es una valoración subjetiva y superficial, susceptible de diferir en su valor de las estimaciones posteriores y más profundas de la misma muestra. Esto quiere decir que la “primera impresión” puede ser “buena”, mientras que tras un análisis más estricto la muestra puede ser clasificada como “mala”, y viceversa. Resumiendo, el catador debería expresar mediante la valoración numérica su gusto o disgusto de manera global por la muestra en su primer contacto.

También se expresarán las sensaciones para cada uno de los sentidos utilizados con un lenguaje leve, claro y concreto. A continuación proponemos algunos términos que pueden ser utilizados en la descripción de la “primera impresión”:

Tacto

Duro, blando, pastoso, pegajoso, seco, crujiente, polvoriento, denso, pesado, ligero.

Oído

Crujiente, seco, murmullo, pastoso.

Vista

Brillante, mate, basto, fino, limpio, sucio, compacto, suelto, viejo, fresco, seco.

Olfato

Ácido, dulce, profundo, ligero, sabroso, picante, orina, heces, moho, tierra, fruta fresca, fruta madura, fruta podrida, madera, incienso, flores, queso, pimentón, vino, carne, sangre fresca, sudor.

Al final de la obra se ofrecerá un glosario con las definiciones estimadas para estos y otros términos que iremos utilizando a lo largo de la escuela de cata. Por supuesto, este vocabulario es ampliable y susceptible de mejora, por lo que todas las opiniones y colaboraciones serán bienvenidas a través del mail info@airambarcelona.com.

En el próximo capítulo profundizaremos en algunas de las cuestiones tratadas en éste, enfocando la metodología hacia los niveles semiprofesional y profesional, para lo que proporcionaremos unas fichas de cata que contienen lo necesario para registrar todos los parámetros y valoraciones que se puedan producir a lo largo de estas. Si quieres ver el resto de volúmenes del Curso de Cata Cannábica haz click en el siguiente enlace.

Como siempre, te recordamos que puedes comentar o añadir cualquier información mediante un comentario en este mismo post o en los enlaces que colgamos al mismo tanto en facebook como en twitter.

¡Hasta el próximo volumen!

LMC     AIRAM

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One Comment on “Curso de Cata Cannábica Vol. III”

  1. […] el capítulo anterior os informamos acerca de las condiciones óptimas para la realización de la cata cannábica: la […]


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